- ¿Has leído El Capital, de Karl Marx?- me preguntó Midori.
- Sí. Cómo la mayoría de la gente.
- ¿Y lo has entendido?
- Algunos pasajes sí, pero otros no. Para poder leer El Capital, antes es necesario haber adquirido un sistema de pensamiento. Pero, en general, entiendo el marxismo bastante bien.
- ¿Crees que un estudiante de primero de universidad que no haya leído muchos libros de ese estilo puede entenderlo?
- Creo que no-dije.
- Cuando ingresé en la universidad, entré en un club de música folk porque me apetecía cantar. Pero aquel sitio estaba lleno de impostores. Cuando me acuerdo de ellos, se me ponen los pelos de punta. Al entrar allí, lo primero que te hacían leer era El Capital. ” Para el próximo día, lee de tal a tal página”. Según el discursito que nos soltaron, la música folk estaba íntimamente ligada a la sociedad y al movimiento radical. ¡Ya ves tú! En cuanto llegaba a casa, me esforzaba en leer a Marx. Pero no entendía nada. Aquello era peor que el modo condicional. Desistí en la tercera página. En la siguiente reunión dije que lo había leído pero que no había entendido nada. A partir de entonces me trataron de imbécil: que no tenía conciencia de los problemas, que me faltaba conciencia social…No bromeo. Y todo por decir que no entendía un texto. ¿No te parece alucinante?
-Sí.
- Los “debates” también eran terribles. Todos utilizaban palabras complicadas y ponían cara de entenderlo todo. Como no me aclaraba, volví a preguntar: “¿Qué es la explotación imperialista?, ¿tiene alguna relación con la Compañía de las Indias Orientales?”. O esto otro: “¡Abajo la comunidad industrial-académica! ¿Significa que al salir de la universidad uno no puede encontrar trabajo en una empresa?”. Nadie sabía explicármelo. Al contrario, se enfadaron ostensiblemente. ¿Puedes creerlo?
-Sí.
- Me gritaban: “¿Cómo puede ser que no entiendas estas cosas? ¿Qué tienes en la cabeza?”. Y ese fue el fin. Quizás yo no soy muy inteligente. Pertenezco al pueblo. Pero ¿no es el pueblo el que hace funcionar el mundo? ¿Acaso no es el pueblo el explotado? ¿Qué revolución es ésa en que se alardea de palabras complicadas que el pueblo no entiende? ¿qué clase de cambio social es ese? Yo también quiero mejorar el mundo. Pienso que, si alguien está siendo explotado, esto tiene que terminar. Y de ahí vienen mis preguntas. ¿Tengo razón?
- Sí, tienes razón.
- Entonces llegué a la conclusión de que todos aquellos tíos eran unos impostores. Que se sentían felices fanfarroneando con palabras complicadas, que sólo pretendían empresionar a las alumnas de primero y meterles mano bajo las faldas. Y que, al terminar cuarto, se cortarían el pelo, buscarían un empleo en Mitsubishi-Shoji, en Tokio Broadcasting System, IBM o en el banco Fuji, se casarían con unas bellezas que no hubieran leído a Marx en su vida y les pondrían nombres repelentes a sus hijos, de ésos rebuscados.